DMAG | Diversidad e inclusión no significan lo mismo
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Diversidad e inclusión no significan lo mismo

Por Maria Molina

¨Dar un asiento en la mesa a una persona de un grupo minoritario no significa que esté incluido¨, le explica Jerry Seinfeld a Elaine Benes en la serie (y esto pasó en los años 90, bien por Jerry porque todavía no se hablaba ni de diversidad ni de inclusión). Hoy son dos de las palabras más repetidas, y sin embargo todavía muchxs creen que significan lo mismo. Pero mientras que la diversidad es un compromiso externo para representar a tantas personas diferentes como sea posible, la inclusión puede ser más interna e invisible y hay que estar atento. Lo grave del asunto es que estos términos sean difundidos como sinónimos por marcas ávidas de mostrar su afiliación con ambas causas. Este no es un error de semántica cualquiera, es lo que nos hace retroceder en lugar de avanzar.

 

La cuenta Diet Prada, que no deja pasar una, recuerda que en el Paris Fashion Week del 2017, Lanvin ¨olvidó¨ contratar modelxs negrxs mientras no hacía otra cosa que hablar de inclusión. Y no contó con la fiscalización de la mejor patrulla justiciera de la moda a cargo de James Scully, el implacable director de casting. Es decir, si no incorporan a las minorías en las conversaciones y en la toma de decisiones, la igualdad se queda en Instagram. Es excelente (y ya es hora) de que ambos elementos estén al frente de los objetivos comerciales, pero para garantizar el progreso se necesita claridad sobre lo que ambas palabras implican y en qué se diferencian. El problema es que en la industria, estos vocablos vienen juntos en una suerte de cajita feliz. Cuando el ¨casillero¨ diversidad está marcado, se asume que comprende también la inclusión. Nada más lejano.

 

La pluralidad por sí sola se presta a jugar en las manos del tokenismo. Hoy Ias pasarelas son la mejor vidriera para mostrar una comunidad prolífica de modelos, en edad, género, tamaño, habilidad y raza. Y los espectadores entienden que ¨esa marca¨ defiende la igualdad. Pero la inclusión plantea más preguntas. ¿Cada uno de lxs modelxs se sintió seguro, cómodx y feliz? ¿Les pagaron lo mismo que a las top blancas y delgadas? Para eso se necesita mirar más allá de la pluralidad en exhibición. ¿Cuántas personas trans, de color o talla grande estaban detrás de escena? ¿Algún maquillador con experiencia en pieles oscuras o un estilista que pudiera trabajar con cabello afro? ¿El fotógrafo entendió la iluminación necesaria para capturar la belleza de cada persona?

 

Es por esto que la diversidad debe verse como la primera mitad del objetivo y la inclusión como la segunda, teniendo en claro que no funcionan por separado.  Vogue, por ejemplo, se tomó 128 años para contratar a un fotógrafo negro que ilustrara una tapa, Tyler Mitchell (y por expreso pedido de Beyoncé).

 

Las minorías deben poder prosperar, y no solo sobrevivir, en el fashion establishment. Este año, participaron 30 diseñadores negros en el Nueva York Fashion Week, un 25 por ciento del calendario oficial. Pero muchos siguen esperando su turno.⁠ Una moda diversa e inclusiva es aquella que tiene en cuenta a todos los cuerpos y a todas las personas en cada uno de los eslabones de su existencia dentro del mercado. Cuando una empresa comprende y practica el valor de cada definición, quiere decir que lo entendió todo.

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