Cuando Amy Winehouse usó Westwood para su defensa
Por Abril Semo.
Amy Winehouse apareció en la corte londinense en 2009 y 2010 vestida con Vivienne Westwood, para firmar su divorcio de Blake Fielder-Civil. Blake la había acusado de adulterio.
Ahí, marcó el encuentro simbólico entre dos mujeres británicas separadas por generaciones, pero unidas por una misma idea de rebeldía, teatralidad y construcción de identidad a través de la estética.

Vivienne Westwood emergió en los años 70 como la gran arquitecta visual del punk. Su trabajo junto a Malcolm McLaren definió la estética del movimiento: ropa como protesta, historia reinterpretada, provocación consciente. Westwood entendía la moda como lenguaje político. Amy Winehouse, en cambio, pertenecía a otra escena cultural: el soul, el jazz y el R&B. Pero su rebeldía era igual de frontal. Si el punk gritaba contra el sistema, Amy lo hacía contra la expectativa de perfección femenina contemporánea. Las dos compartían una negativa radical a suavizarse para el consumo masivo.
Westwood siempre jugó con la idea de la mujer como figura histórica y teatral, con corsetería del siglo XVIII, crinolinas, bustiers, tartán aristocrático. Para ella, la feminidad era una construcción cultural, y por lo tanto podía manipularse, exagerarse o subvertirse. Winehouse encarnó esa teoría sin necesidad de formularla. Su look era una caricatura consciente de la girl group retro. Pero, debajo de esa silueta pin-up, había vulnerabilidad, desorden y crudeza, en la que transformaba la feminidad vintage en una armadura emocional.

Cuando Amy eligió Westwood para ir a la corte, el gesto fue casi literal. Una mujer interpretando la feminidad como performance vestida por la diseñadora que convirtió la feminidad en performance política. Westwood siempre cuestionó a las instituciones británicas usando símbolos históricos británicos. Y Amy, al aparecer ante el sistema judicial vestida con esos códigos reinterpretados, transformó un momento de vulnerabilidad en un acto de narrativa visual.

Era casi una escena teatral. La “rebelde nacional” vestida con la reinterpretación punk de la tradición británica ante la institución más clásica del país. Después de ser acusada por adulterio. Por eso la combinación funcionó de forma tan natural.
Amy no “llevaba” Westwood, la encarnaba.