DMAG | Jennifer Golden
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Jennifer Golden

Por María Molina

Si hasta hace poco no conocías a Jennifer Coolidge es porque durante años estuvo esperando a que a algún productor se le ocurriera liberarla del síndrome de la actriz secundaria. O porque te pediste uno de los canónicos capítulos de Seinfeld en el que hace de su novia masajista o no te aprendiste el ¨bend-and-snap¨(el bailecito matador que hace su personaje de Paulette en Legally blonde). Y más recientemente, empezando a ejercitar el éxito como la no-tan-amiga de Naomi Watts en The Watcher. Hasta que llegó Mike White, creador de la serie The White Lotus y rompió el hechizo convirtiéndola en la inestable y pintoresca Tanya McQuoid, que le valió el Golden Globe a la Mejor Actriz de Reparto.

 

 

En los pocos minutos que duró un discurso para enmarcar y en el que le demostró a Hollywood lo que se estaba perdiendo, hizo llorar, reír y conmover a todxs los presentes. Spoiler Alert: ¨Me diste esperanza, un nuevo comienzo. Incluso si este es el final, porque me mataste (en la serie), cambiaste mi vida en un millón de formas diferentes”, le dijo a White. Y con esa honestidad sin rodeos que la caracteriza contó: “Mis vecinos me hablan y cosas así. Nunca me habían invitado a ninguna fiesta en mi colina, ¡y ahora todo el mundo me invita!”

 

 

Si hay alguien que sabe escalar esa colina es ella. Desde que se mudó a los 21 años a Los Angeles donde alquilaba una habitación en un asilo de ancianos y después a NY, para trabajar en un restaurante en el que Sandra Bullock era hostess, no se cansó de tocar puertas y convertirse en una perseverante serial. Durante todo este tiempo no paró de dejar pistas revelando que puede ser mucho más que ¨la mamá de Stifler¨ American Pie.

Y hoy el universo conspira a su favor. O sea, si su sueño era ser ¨La reina de Mónaco¨, ¨Un delfín¨ o¨la hija de Hemingway¨ (como dijo en One Great Story), parece que no va a poder ser. A los 61 años Jennifer juega en primera. Ojalá Hollywood tome nota.

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