DMAG | A solas con Charly García
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A solas con Charly García

 

Charly García, el gato de metal. Pionero y leyenda del rock. Con ustedes, un compilado de noches, ensayos y entrevistas en primera persona.

Text Alejandro Czerwacki  (Director de Alejandro Cz)

 

Madrugada de mayo de 1999, hace casi veinte años. “No sé por qué vas hacia ese lugar/donde todos han descarrilado”, canta García, junto a su banda, en la sala de ensayo que alguna vez fue casa tomada, allá en la calle Fitz Roy. Acababa de dar un show ante doscientas cincuenta mil personas en el ciclo Buenos Aires Vivo, en tiempos de mucho, muchísimo, demasiado ego y se hace esperar para la entrevista. “Me gustaría saber cómo hice muchos de estos temas”, me pregunta, ríe y se revuelca en el piso confirmando que la respuesta es algo así como un gesto kinestésico que convalida todo. Si él está sobre la alfombra, mismo lugar que ocupará este cronista como un modo de acompasar y empatizar con él. ¿Acaso un viernes 3 AM hubiese facilitado otra postura posible?

Como en tantos otros encuentros, no habrá muchos intersticios para hablar en serio, en profundidad, con el más grande del rock nacional. Sin embargo, en tiempos de demoler hoteles, ofrecerá alguna mirada introspectiva. “¿Cuántas veces me copié de mí mismo? Todo el tiempo. Soy un gran plagiador. De las cosas inspiradas que tengo, hablen con Dios, yo no me hago responsable”, acota y sin decir palabra, abandonará otra vez el diálogo para volver con la banda y seguir jugando. 

Un año antes, también de madrugada, exactamente en el mismo mes, pleno insoportable otoño porteño, ya habíamos conversado en un improvisado camarín de un sitio under. Estaba por salir su disco El Aguante y ya que él está acostado en un sillón, yo me siento en el suelo, quizá porque el entrevistado podría ser un rey del lugar, que vivía en la cima de una colina, como aquel tema de Sui Géneris. “Yo tengo amigos, no entorno. Los que están, están. Los que no están, será porque me traicionaron o algo así”, cuenta mirando fijamente a los ojos. Y la entrevista seguirá girando hasta que llegará el momento de tocar en vivo. “Nunca mires hacia atrás/aléjate de los demás/busca una solución/no me lastimes”, canta Tu Arma en el Sur, que supo popularizar primero Fabiana Cantilo, cuando Charly produjo su primer disco solista, Detectives. Antes, algo más del diálogo imposible. “¿Cuál es tu cable a tierra?”, pregunto. “Yo soy la Tierra”, responde. “¿Y el cable?”, insisto. “Pelado”, dice y nos reímos, recuerdo, al unísono.

 

 

Nuevamente en mayo pero del año 2000, uno después del último encuentro, entro a su departamento de Coronel Díaz y Santa Fe y, como cada vez que lo venía viendo, su humanidad estaba desplegada en la cama de su cuarto, con su guitarra eléctrica a cuestas cual juguete, rodeado de paredes intervenidas con graffitis de infinitos colores. El living lo conocía muy bien de haber estado en otros momentos de su vida, pero todo parecía cambiado. Por ese entonces Charly tenía cuarenta y ocho años y una novia de diecisiete. “Necesito alguien/que me emparche un poco/y que limpie mi cabeza/que cocine guisos de madre, postres de abuela y torres de caramelo”, canta Carlos García Moreno desde su cama como especie de bienvenida.

A los minutos me hace escuchar por los parlantes El Día Que Apagaron la Luz, primer corte del futuro disco Sinfonía Para Adolescentes y la vuelta de Sui Géneris. “¿Qué te parece?”, pide aprobación. De pronto detiene su eléctrico andar y se sincera: “Soy una persona que la peleó y que más o menos le va bien”. Más tarde recordará que se tiró de un noveno piso en un hotel de Mendoza, dos meses antes de este encuentro. Había viajado para participar de un recital con Nito Mestre. “No me tiraría de nuevo. Demasiado alto. Pero sabía que no le iba a errar”, dice y larga una de sus clásicas carcajadas.

En mis ojos de video tape me aparecen muchos otros encuentros, como aquella vez que lo vi de cerca el día que con Luis Alberto Spinetta estrenaron Rezo Por Vos en ATC (hoy TV Pública) para el programa Cable A Tierra. Aún conservo una sucesión de fotos pockets de ese brillante momento de la primavera alfonsinista de 1985. O un año después, aún adolescente, que acudiría a su casa junto a un entrañable amigo, a entrevistarlo para una radio. En tiempos que componía lo que luego sería su disco Parte de la Religión, nos decía que su deseo era seguir conviviendo con su música y superarse, “porque me critico bastante cuando armo un disco”, sorprendería con su afirmación. Charly García, el gato de metal que alguna vez suplicó para que no bombardearan Buenos Aires, tiene siete vidas y es una buena notica.

 

 

 

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