Galliano y Anderson: continuidad en una industria que enaltece el ego.
Por Erika Ingrid.
El diseñador que definió una era en Dior se sienta hoy en primera fila para ver al que escribe su presente. En una industria atravesada por la competencia y la comparación constante, el gesto redefine la idea de legado.
La moda es, muchas veces, una escena dominada por el ego. Un sistema que incentiva la comparación permanente, la carrera sin pausa y la necesidad de superación constante. En ese contexto, ciertos gestos adquieren una dimensión simbólica que trasciende lo anecdótico.
John Galliano, quien marcó el imaginario de Dior durante una de sus etapas más teatrales y narrativas, asistió al desfile de Jonathan Anderson en su debut de Alta Costura SS26 para la maison. No como figura central. No como protagonista. Sino como espectador.


Anderson ha mencionado en distintas ocasiones la influencia que Galliano tuvo en su formación creativa. Fue un referente, un ídolo, una figura que expandió los límites de lo que Dior podía ser. Décadas después, ese mismo diseñador ocupa un asiento en la audiencia para observar la reinterpretación contemporánea de la casa que alguna vez definió.
Lejos de ser un gesto nostálgico, la presencia de Galliano funciona como validación silenciosa de una transición. Anderson, en su primera colección de Alta Costura para la maison, no replica códigos: los comprende. Entiende el archivo, la arquitectura histórica de Dior, y desde ahí construye una mirada propia, ajustada al presente. El legado no se congela; se traduce.
La frase que Galliano le dedicó sintetiza esa relación con precisión: “Mientras más amor le des a Dior, más te lo devolverá.”


En una industria que muchas veces convierte el pasado en competencia y el presente en disputa, esta escena propone otra lectura: la moda también puede ser continuidad. El legado no se impone ni se defiende; se honra transformándolo.