DMAG | El arte emocional de Monogiraud
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El arte emocional de Monogiraud

Por Santiago García Trías

«Sin jugar con la fantasía, nunca ha nacido ningún trabajo creativo. La deuda que tenemos a la obra de la imaginación es incalculable.» Carl Gustav Jung

El irrevocable sentir interno que produce la manifestación de nuestros sueños, forma parte de ese desglose maravilloso de imaginación y energía que se genera dentro de uno. Junto a esa trasmutación, es sin dudarlo, parte de la belleza emocional que radica dentro de nuestro inconsciente.

El coraje desafiante que el artista tiene en su corazón, es la armadura perfecta para enfrentar el escepticismo, y el camino tumultuoso que por momentos resulta ser fiel a uno mismo. Nos enfrentamos diariamente a la crítica, tanto propia como externa, como también a la búsqueda incansable de complacer a todo el mundo. Justamente en ese desafío, es donde se encarna el camino, porque nunca vamos a poder satisfacer las necesidades y perspectivas que tienen de uno las distintas personas que nos rodean.

 

En cada ser humano, se esconde una intuición verdadera y una imaginación lúdica para la expresión de lo que denominamos «don». ¿Por qué será entonces, que no muchas personas pueden sentarse a charlar con esa propia «luz» escurridiza?

Tal vez, será que al mirarla a los ojos podríamos encontrar nuestra verdadera identidad, y muy posiblemente sea eso lo que pondría en jaque a los esquemas predispuestos por la sociedad, inclusive los propios. ¿Tendremos atado a ese patrón antiguo del «encajar» y hacer lo «correcto», la sensación de deuda con lo que se denomina muchas veces erróneamente como el «deber»?

 

En la búsqueda incesante de nuestra fiel esencia, el miedo y la negatividad muchas veces nos acechan abrazándonos para que volvamos al viejo patrón sin salida, nos encontramos como la adorada Ofelia en la pintura de John Everett Millais, petrificados en ese silencio levitador que nos inunda la mente y los sentidos. Ese vuelco inesperado de nuestro auto sabotaje que, con desesperación, la energía creadora lucha por vencer. ¿Tendrá nuestra luz interior una posibilidad de brillar sin tener que depositar su energía en el escape de nuestra propia sombra?

 

Para explayarnos un poco más sobre la creatividad emocional, y poder interpelar con un proyecto de gran espontaneidad y confianza visionaria, entrevistamos a Alejandra, más conocida como «Mono». MonoGiraud es un proyecto que involucra el arte y a la arquitectura en un diálogo muy potente, en donde los límites de la disciplina desaparecen, para permitir ver la manifestación de la esencia de la creadora. Reconocida recientemente por la revista Vogue, «Mono», no solo acapara la mirada nacional por sus infinitos trabajos en el mundo textil y dentro del marco del interiorismo, sino que también, sus creaciones habitan en distintas partes del mundo.

 

 

¿Quién es Alejandra?

Soy diseñadora textil. Empecé toda mi formación diseñando colecciones para grandes marcas. Hice eso durante diez años, y como me gusta mucho lo desconocido, comencé a armar locales de decoración que no tenían esa impronta de «marca» en su momento. Lo gestioné durante mucho tiempo en Argentina, hasta que después instalé MonoGiraud. «Mono» es mi apodo, no uso casi nunca Alejandra.

Amo hacer «marca», es crear un mundo nuevo. Me parece uno pone su impronta cuando arma un universo honesto, no la impone a través de un objeto individual y aislado. Siento, que tiene que ver con todo lo que el proyecto emana, piensa, dice, sus sentimientos. Eso es más importante que el objeto en sí mismo.

 

¿Cómo nace MonoGiraud?

¡MonoGiraud lo quise hacer desde siempre! Surgió como un chiste, porque mi apodo es «Mono» y una amiga que diseñaba conmigo en ese entonces me dijo que el día que tenga mi propia marca, debería llamarse ¡MonoGiraud!  Así fue que nació «Mono», desde un juego y unas ganas de unir lo textil con el resto de las cosas que me rodeaban. Las cosas ya no se separan tanto ni por sexo, ni por temporada, ni por decoración o vestimenta. Soy una convencida que el eje de cualquier belleza lo tiene el ser humano, y tiene que ver con la esencia de cada individuo. Por eso, las casas más lindas, suelen ser las que muestran el reflejo de la persona que la habita.

 

¿Por qué comunicas tu trabajo del modo en que lo haces?

Comunico mi trabajo de esta manera porque para mí la belleza es emocional. Como creo en esto, no tengo otro parámetro de comunicación. Además, estoy acostumbrada a hacer colecciones, todo tiene que ver con un todo, nada puede estar suelto y pretender tener un valor. Es importante saber, ¿quién lo va a usar? o ¿dónde va a estar situada la pieza?, ¿para qué es? y demás.

Cuando me preguntan qué tipo de silla, mueble u objeto llevar, yo respondo siempre que lo «mejor» en mi opinión, es elegir internamente qué es lo indicado para uno. No pretender que alguien externo te diga que tendrías que comprar y a donde colocarlo.

El problema de la autenticidad radica en la mirada social a la que venimos acostumbrados. ¡Paremos de buscar «fórmulas»! La mayoría de la gente, no quiere explorar muy profundamente en su interior, es por eso, que muchas personas tienden a una búsqueda externa antes de preguntarse verdaderamente que es lo indiciado desde un punto de vista personal.

 

 

 

¿Qué es la atemporalidad para vos?

La atemporalidad me parece interesante, porque no sigue ninguna moda impuesta por la sociedad. A mí me parece que las cosas tienen que tener la flexibilidad perdurable en el tiempo. A lo mejor, hoy lo utilizas para algo, y en un futuro para otro. Vas cambiando y mutando. Eso es lo atemporal para mí, un cambio constante.

 

 

¿Qué significa ser «artista» desde tu perspectiva?

En realidad, la palabra artista, en mi opinión, significa animarte a ser y a mostrar tu visión de las cosas como verdaderamente las sentís. Se trata del enfoque que pones en tu obra y como manifestás tus sentimientos. Todo el tiempo estoy atenta a lo que me sucede emocionalmente. Tengo estructuras muy rígidas, pero están abiertas a los cambios constantes. Para que la creatividad fluya, tenés que estar conectado con lo que te pasa internamente. Si no, es un trabajo mucho más superficial.

 

 

 

¿De dónde sale la idea de los «personajes» que se manifiestan en las producciones de fotos para «Mono»?

Eso surge de la necesidad de mostrar que los objetos que te llevas, o que tenés alrededor en tu casa son parte tuya. Tienen que ver con tu vida, con el «personaje». Desde ahí, fue que se me ocurrió hacer este tipo de producciones fotográficas donde comencé a mostrar desde otro lado al objeto. Quise expresar, cuál era la relación de mi marca con las cosas. Y, sobre todo, transmitir una parte de mi persona.

 

 

¿Cómo definirías al rol del interiorismo en la actualidad?

Creo que, en la Argentina, aún estamos bastante atrasados con respecto a otros países en el abordaje del diseño de espacios. Yo tengo una sola reunión con plano y ¡nunca más! El interiorismo en nuestro país, es muy del plano. Claramente, no digo que esto no sea útil, pero hay poca soltura y espontaneidad. A veces, parece que no podes salir de esa herramienta que estoy convencida de que te limita. Será que trabajé mucho en distintos proyectos relacionados con maneras más flexibles de ver el mundo de la arquitectura; que me llama la atención ese abordaje.  La espontaneidad, vuelvo a recalcar, en mi opinión, es lo que hace que un espacio cobre vida desde un punto de vista único.

 

 

¿De qué manera definirías la espiritualidad dentro de un espacio?

En realidad, siempre termino planteándome los proyectos desde un punto de vista tan propio que siento que, en ese diálogo interno, existe una conversación «espiritual» con mi personalidad. Por ejemplo, cuando armo un departamento o una casa, siempre pienso en la utilidad de los espacios. Se suele caer en el armado estereotipado de lugares que después nunca terminas usando, porque no te representan ni a vos, ni a tu manera de vivir. Yo siempre aclaro que puedo ser una guía en el proceso de un proyecto, pero si el cliente no acompaña, ni camina el recorrido conmigo, no me interesa. Te digo esto, porque soy muy selectiva con este tipo de trabajo. Me dedico poco a eso,  la verdad es que me focalizo más en mi marca actualmente.

 

 

 

 

¿Crees en la sensorialidad y los efectos sobre una persona?

Si, totalmente. Todas las decisiones que tomo, sea en interiorismo, en las fotos que hago, o dentro del proyecto de «Mono» en sí mismo, ¡son sensaciones! Hay un diálogo constante multi-sensorial.

 

 

¿Cómo reflejas tu personalidad y la de tu familia dentro de tu casa?

El hogar de uno es un nido, tenerlo siempre me pareció algo muy emotivo. Cuando armé mi casa junto a mi familia, si bien la posta la llevé yo en el armado del espacio, cada uno puede hacer del mismo lo que quiera. La personalidad individual se plasma dentro de los rincones según el uso que esa persona le quiera dar. Hay un poco de nosotros en cada sector. En mi casa no hay nada que sea de «decoración». Siempre hay algo que contar en cada objeto, una conversación de experiencias vividas. Me parece lindo eso.

 

 

¿Qué significa para vos la pasión por el oficio?

Siento que cuando uno encuentra lo que le apasiona, sea cual fuere el rubro en el que se encuentre, se genera un flujo inmenso de energía. La energía de las personas se agota, y si no tenés como recargarte a través de tu pasión, dejas de generar cosas que tengan impacto o sentido para vos. Soy una convencida de que, si uno tiene la posibilidad de trabajar en algo que verdaderamente lo conecta con su esencia, es ahí donde se genera una conexión maravillosa en donde el placer se une al hacer.

 

 

¿Si tuvieras que transmitirle un mensaje a la gente en este momento tan particular ¿Cuál sería?

Hay que aferrarse a lo nuevo, abrirse a lo desconocido. Dejar el pasado atrás, y abrazar el presente. Me parece muy importante tener la cintura de poder entender el cambio en el que estamos viviendo. La transformación me parece fundamental para la superación personal, no podemos resistirnos al cambio.

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